Grupo Beroly

El Refugio

por Quinito Mourelle

Aunque no me lo hubiese propuesto, creo que el oficio de escribir es el único aprendizaje al que me he entregado siguiendo una progresión lógica, pues en otros órdenes de la vida acostumbro a empezar la casa por la ventana y a abandonar la empresa antes de obtener fruto alguno. Me explico. Mis primeros ejercicios literarios fueron poemas; más tarde me afané en el arte de la narración breve y, sólo cuando sentí la pulsión necesaria para hacerlo, me volqué por fin en el tejido más ambicioso de la novela.  Esa transición de la poesía al cuento y de éste a la novela, podría entenderse en términos musicales como el viaje de una simple melodía hasta la construcción de un tema que pueda vertebrar luego toda una sinfonía. Por supuesto, no he dejado de cultivar ninguna de las tres modalidades, pero la falta de tiempo y las complicaciones de la vida me han llevado en los últimos años a dedicarme casi de forma exclusiva a la novela o, en el polo opuesto, al aforismo, género que atiendo semanalmente en mi blog Marquide. Este “rincón” que me ofrece Grupo Beroly viene a recoger, con periodicidad irregular, mis recientes creaciones en el campo intermedio: el de la narración breve. Como todavía puedo presumir de ser una persona responsable, procuraré encontrar tiempo y espíritu para mantener este nuevo compromiso, aunque no escribiré por obligación sino por la necesidad y el placer de hacerlo. Espero que puedas apreciar esas dos condiciones y que disfrutes de estas líneas tanto como yo lo he hecho.

ojosazules
01. Ojos azules

“Probablemente necesitaba que los primeros devaneos de septiembre comenzasen a narcotizar la orla del verano para ponerme manos a la obra, es decir, para retomar la idea de contar lo que recuerdo de aquella tarde…”

02. A primera hora de la tarde

“El sol de primera hora de la tarde se deshacía en todo tipo de elogios y merengues, colmando de letargo e indolencia avenidas, plazas y parques.”

03. Naranjos en flor

“A menudo cuando me acaricias y nos besamos, cuando una de mis manos se desliza hasta abrazar tu talle y, en el afán de hurtarme de la realidad, busco con la otra el precipicio de tu escote, me imagino cómo será enamorarse mecido por naranjos en flor. “