Sinxeleza no es, para mi, una palabra más. Es uno de los valores que mis padres intentaron transmitirnos desde pequeños; un modo de ser, pensar, vivir, comportarse…


Para unos está asociada a la humildad, para otros a la espontaneidad, naturalidad, nula ambición, pasividad, falta de creatividad, conformismo, etc… Puede ser considerada pues, como una virtud o un inconveniente según a quien preguntemos. Para mi se relaciona con una manera de pasar por la vida sin tener que demostrar nada,dando el mismo valor a todos los que nos rodean,aceptando a cada uno como es, alegrándome siempre de todo lo bueno que le suceda a cualquiera y a mi. Creo que nos complicamos mucho innecesariamente queriendo alcanzar objetivos lejanos a nuestras circunstancias que nos impiden disfrutar de todo lo cercano, lo cotidiano,las pequeñas cosas en las que a veces ni reparamos. Cuando uno se acepta y se valora deja a un lado los miedos al rechazo, a las comparaciones, a las críticas que solo menosprecian el trabajo y a las personas que lo realizan sin aportar nada constructivo. La sencillez también está en aprender a disfrutar de lo conseguido y de lo que tenemos sin perdernos en quejas, lágrimas y rabietas por aquello que deseamos.
Sencillez es vernos y mostrarnos como somos ante todos; nuestra aceptación y seguridad nos proporciona la confianza necesaria para que la naturalidad prevalezca sobre cualquier máscara, disfraz o intento de camuflaje de nuestra verdadera personalidad.

Trasladando esto a mi libro os puedo decir que, desde pequeñita, siempre he hecho canciones, poemas y cuentos que han estado guardados hasta que yo realmente me he sentido segura de poder abrirme a los demás y dejar que conocidos y desconocidos conozcan mi interior sin miedo a quienes infravaloran la sencillez, en este caso ,en el ámbito musical. Publicarlas ha sido una sorpresa para muchos porque es abrir una ventana sin, ni siquiera, visillos que nunca se podrá cerrar.
Sinxeleza tiene un claro objetivo pedagógico pero también es un reto sin meta. Un reto que me permite disfrutar de un camino nuevo y experiencias que nunca había pensado.


Yo siempre pongo un ejemplo de una situación real que ocurrió ya hace mucho pero que la tengo presente: en cierta ocasión quise subir a una cima de la que me habían hablado maravillas sobre sus vistas. Equipada mi mochila convenientemente y con el ánimo a tope comenzó el trayecto. En la subida me quedaba observando los riachuelos, las marmotas, el cambiante verde a medida que subíamos; me tiré a rolos, hice muchas fotos a las florecillas silvestres, jugué con las cabras y con más de tres horas sobre el horario previsto llegué a una cima llena de niebla que no permitía ver más allá de las botas de montaña de algún compañero cercano. La mayoría estaban enfurecidos por no poder disfrutar de las vistas sin tener en cuenta que la naturaleza no recibe órdenes. Yo estaba sudando pero feliz de haber llegado y encantada de un recorrido lleno de carcajadas que nunca olvidaré. Como dice mi papi no sirve de nada enfadarse o preocuparse si la solución no está en nosotros. Descendí con la misma o mayor ilusión de la que llevaba al subir porque los paisajes y momentos vividos siempre permanecerán en mi recuerdo y quizás algún día pueda repetir la experiencia y tenga suerte en la cima.

Sinxeleza no tiene una meta; tiene caminos que se van abriendo y de los que disfruto cada día tanto que tal vez me anime a darle otra compañera de viaje. Pero esa sinxeleza no está exenta de trabajo ya que conseguir que cumpla un objetivo pedagógico, que me propuse desde el principio, necesita dar muchas vueltas a la cabeza, a mis dedos y a mis sentimientos para que en el resultado siga estando la claridad y espontaneidad con las que en muchos momentos sonaron algunas notas en mi cabeza.


Sinxeleza seguirá siendo siempre mucho más que una palabra.


Esther Sobral